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ActualidadÉtica, Relaciones Públicas y coyuntura

Ética, Relaciones Públicas y coyuntura

La actualidad salpica al sector en el que nos movemos. Algunos directivos de algunas empresas están imputados en casos de corrupción que pintan muy mal. A otros que no están implicados, se les pretende acusar no sin muy mala intención. Organizar eventos y gestionar la comunicación puede parecer muy fácil para muchos que se introducen en un mercado aparentemente muy lucrativo.
El intrusismo profesional en las relaciones públicas está muy extendido y cualquiera monta una empresa hasta con un título de cosmética, o simplemente habiendo trabajado como azafato. Sin embargo, alguien que realmente se haya preparado un poco sabe que no es así. Además de experiencia y conocimiento?mucho?, hacen falta más cosas. Y una muy importante es la deontología profesional.
Pocas profesiones cuentan con un código ético tan antiguo como el de las Relaciones Públicas. Pero ¿quién lo conoce? Y sobre todo ¿se respeta?. Está claro que hay muchos que no (a las dos preguntas).
Tras el código de Atenas y el de Roma, con varias décadas de antigüedad y ya obsoletos, el Código de Deontología Profesional de las Relaciones Públicas, más conocido como el Código de Lisboa, es el que es más aceptado por la profesión y el que ?supuestamente? todos debemos cumplir. Estos mandamientos establecen, entre otras cosas, obligaciones en las relaciones entre clientes y empresas: que no se pueden hacer contratos con garantía de resultados cuantificados; que se tiene que evitar imponer proveedores a los clientes, o que no se puede trabajar para empresas que compitan en un mismo mercado ( A pr practitioner shall not represent conflicting or competing interests without the express consent of the clients or employers concerned).
(Por cierto, resulta muy curioso que la principal asociación española,Asociación de Empresas Consultoras de Comunicación y Relaciones Públicas (ADECEC), no incluye esta consigna entre el articulado de su código ético)
Esta última cláusula, que en TARSA respetamos a rajatabla, siempre ha sorprendido a muchos de nuestros clientes (e incluso a algún que otro compañero). Nos ha sorprendido cómo algunas empresas de comunicación ?y de publicidad? se especializaban totalmente en un único sector ?construcción, laboratorios médicos… ? y los clientes no se quejaban. Me pregunto ¿cómo se pueden defender los intereses de alguien con convencimiento y fuerza si éstos están enfrentados con otros clientes?.
En TARSA este principio de fidelidad al cliente en su mercado natural nos ha producido un beneficio adicional: la diversificación, y consecuentemente la no dependencia de un único sector, y todos los riesgos que ello conlleva.

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